27/8/18

La increible historia de la Monja Alférez



Escribe: Aníbal Arredondo.

Ojeando la revista NATIONAL GEOGRAPHIC  HISTORIA  encuentro la historia sui-generis de una mujer del siglo XVII, cuya autobiografía relata hechos verídicos de su mala acción  no solo en España sino en Perú, chile, Bolivia, Argentina y México por lo que me interesa contarlo con la venia del historiador José María Gonzales Ochoa autor de la investigación de estos hechos.

 Puede leerlo en sus horas de ocio, más allá de  las cuatro paredes de su habitación, o en un intenso solitario, Ud. sabe que no hay lectura mala.

En el  Siglo XVII alcanzó celebridad CATALINA DE ERAUSO, una joven donostiarra que decidió vestirse de hombre y marchar a América donde vivió peripecias dignas de una novela.

En Perú su cara ayer bravucón. La metió en una riña que acabo con un caballero muerto, otro herido y ella en la cárcel. Novicia convertida en. Militar, asesina confesa de al menos diez hombres, pendenciera, ludópata, virgen, lesbiana trasmutada en hombre.

Catalina de Erauso es uno de esos personajes novelescos que solo el Barroco y el siglo de oro Español pueden ayudar a contextualizar. La mayor parte de lo que conocemos de su vida se debe a una autobiografía que bien pudiera ser un memorial al rey Felipe IV dilatada para acompañar  a una solicitud de una pensión vitalicia.

El relato lleno de hechos verídicos salpicados de situaciones y coincidencias, tan forzadas como increíbles, alcanzó fama. Se hicieron dos ediciones de sus memorias y en 1629, el dramaturgo Juan Pérez de Montalbán, discípulo predilecto de Lope de Vega. Compuso y presento en la corte “LA MONJA ALFERES”, obra teatral que marco definitivamente. Al personaje.

Contradictoria hasta en la fecha de su nacimiento, en sus memorias asegura que nació en San Sebastián en 1585, pero su partida de Bautizo de la parroquia Donostiarra de San Vicente indica el 10 de febrero de 1592, hija del capitán Miguel De Erauso, Catalina era la menor de seis hermanos.  A los cuatro años fue internada junto a sus dos hermanas en el convento de las dominicas de San Sebastián el antiguo. Inadaptada y rebelde, la trasladan al convento de San Bartolomé, de normas más estrictas. Oprimida y vejada por una de las religiosas, Catalina huye del Monasterio con 15 años sin haber llegado a profesar.

En la piel de un hombre, su escapada duró varios días, andando sin haber comido más que hiervas que  encontraba en el camino, llego hasta Vitoria, donde consiguió  trabajar en casa de un médico pariente lejano que no supo reconocerla con sus ropajes de hombre. Pues Catalina había decidido vivir y vestir como un hombre. Tres meses después huyo de la casa con el dinero que había robado a su pariente y se estableció en Valladolid, donde se convirtió en paje del secretario del rey Juan de Loyola de Idiáquez y se hizo llamar FRANCISCO DE LOYOLA. En sus memorias relata que se encontró allí con su padre, que no la reconoció.

 Catalina vuelve a escapar  e hacia Bilbao. En. La capital Vasca apedreó a unos muchachos que se burlaban de ella he hirió tan gravemente a uno de ellos que fue encarcelada un mes. Luego paso a Estella en Navarra donde se empleó como paje de un hidalgo. Dos años más tarde volvió a San Sebastián y un día oyó misa junto a su madre, “que no me reconoció”, aseguran dijo en sus memorias.

En busca de nuevos horizontes, Catalina se enrolo en la flota que partía hacia América, cuando el año siguiente los galeones regresaban  cargados con el oro y la plata americana, Catalina robo 500 pesos del camarote  del capitán de la nave y se escondió en el puerto de nombre Dios hasta que los navíos estuvieron  muy lejos. Siempre viviendo como Francisco se trasladó a Perú, donde encontró trabajo como ayudante de un comerciante español al que sirvió con lealtad y diligencia, por lo que al poco tiempo estaba al frente de uno de los almacene del empresarios en la ciudad de Saña, pero su carácter bravucón la metió en una riña que concluyo con un caballero muerto, otro herido y ella nuevamente en la cárcel.

Su amo la saco de la prisión con el ánimo de casarlo con su propia amante, pero Catalina se negó y el comerciante lo trasladó a su negocio en Trujillo. Al cabo de un par de meses apareció el caballero al que había herido en Saña acompañado  de dos amigos. Otra nueva trifulca acabo con otro hombre atravesando por el estoque de la donostiarra refugiada “a sagrado” en su iglesia.

AL SERVICIO DE SU HERMANO. Para  que escapara del cargo  de Homicidios de numerosas deudas de juego. Su amo lograra enviarla a Lima a trabajar en una tienda de un amigo suyo. En lima según cuenta ella misma, tuvo relaciones con la sobrina de su jefe, lo que a la postre le costó el despido. Sin dinero ni trabajo, se alisto en uno de los enganches que reclutaban soldados para enfrentarse con los indios  mapuches en sur de Chile. “Dispuesta aún andar y ver mundo”. Desembarcó en  Concepción  bajo la identidad. De ALONSO DÍAZ RAMIREZ DE GUZMÁN, junto con otros miles de soldados. Allí vuelve a darse otra de esas fascinantes  coincidencias que hacen sospechas que la memorias de Catalina, tal y como han llegado a nosotros, pueden tener partes de alguno o algunos autores apócrifos que hubieran ido coloreando los escritos originales con ánimo novelesco.

Solo así se entiende que el soldado  Alonso  se encontrara con su hermano Miguel, a la sazón secretario del gobernador de Chile. Sin confesarle la vinculación familiar se hicieron buenos amigos y Alonso se incorporó al séquito  personal de Miguel “comiendo en su mesa casi tres años” sin ser reconocido.

Cuando Miguel se enteró de que su sirviente cortejaba a una amante suya lo despachó a correazos al fuerte de Paicabí, un duro correccional en el frente Araucano.

ACENDIDA A ALFERES. - Cuatro años estuvo Catalina batallando ferozmente contra los mapuches. El soldado Díaz mostró su valor en varias acciones, la más legendaria de la cuales fue el rescate de la bandera del batallón robado por los nativos por lo que su propio hermano Miguel  solicitó que se le diera el cargo de capitán pero, según refiera Catalina, solo fue ascendidas a Alférez de compañía porque había ahorcado al líder mapuche QUISPIGUAUCHA, en vez de entregarlo vivo para ser interrogado.

Una tarde de 1609 acantonada en Concepción en espera de regresar a Lima, en una de las muchas trifulcas a causa de su afición a los naipes atravesó con su espada a otro oficial e hirió de muerte al aguacil que iba a detenerla. Siguiendo su estrategia de siempre se acogió  a sagrado en el convento de San Francisco  y permaneció seis meses cercado por las tropas del gobernador.

Cuando se relajó la vigilancia, decidió salir para ejercer de padrino de un compañero suyo en  un duelo. En una noche tan oscura “que no nos veíamos la manos”. Se batieron no solo los dos que se habían desafiado sino también sus apoderados.  Aparece aquí otra increíble fatalidad, pues el padrino de la parte contraria. Al que Catalina  hirió de muerte  resulto ser su hermano. Por si esto fuera poco, este fue enterrado en el convento de San Francisco, el mismo lugar en el que su asesino estuvo escondido otros ocho meses antes de poder huir a Tucumán junto a tiros dos prófugos en un duro periplo que les obligo a comerse a uno de sus caballos para sobrevivir.  Allí hizo promesa de casamiento a dos mujeres, de las que tuvo que huir antes de que se descubriese su verdadera naturaleza.

CONDENADA A MEURTE,- Catalina alcanzó la villa de Potosí a caballo y allí vivió un par de años hasta enrolarse en una compañía militar con destino a la región de lo chunchos, tierras en la que batallo contra los indios con gran ímpetu. Catalina relata un enfrentamiento con estos, más de diez mil, según ella en el que “volvimos a ellos con tal coraje e hicimos tal estrago, que corría por la plaza bajo un arroyo de sangre como un río y fuimos siguiéndoles y matándoles hasta pasar el río Dorado”

Después de acumular todo el oro que pudo se silenció y se estableció en La Plata (hoy Sucre en Bolivia)  como administradora de una viuda rica.  Otra vez envuelta en un asunto turbio fue acusada de rajar la cara a una mujer con una navaja de barbero, por vengar a su señora, que había sido golpeada en la cara con un zapato por la malhumorada dama tras una discusión entre ambas.

Huida de nuevo, anduvo comerciando con trigo entre Cochabamba y Potosí. Pendenciera y ludópata sin remedio  mato a dos hombres en riñas de juego  y a resultas del segundo homicidio  fue juzgada  y sentenciada a muerte. Cuando ya tenía la soga al cuello salvo milagro mente al vida “y dos de los testigos condenados  se retractaron y aseguraron, que inducidos y pagados, sin conocerme, habían jurado falso contra mi”

A continuación Catalina viajo sin rumbo hasta que volvió a Cusco donde  otra pendencia  por naipes derivo a su enésima lance de espadas. Catalina fue herida de gravedad, pero por sus amigos Vizcaínos “determiné mudarme de tierra”

Convertida en una homicida buscada por todo el Perú, finalmente fue reconocida y detenida en Huanta. Huamanga en Ayacucho, no sin antes de matar a uno de los guardias que querían prenderla y herir a otros dos más.

Entonces el Alférez Días, al verse enfrentada a una muerte segura, pidió entrevistarse con el Obispo Agustín de Carbajal, al que conto en confesión toda su vida y le revelo el engaño de sus ropas” La verdad es que soy mujer”. El Obispo mando a dos matronas que reconocieran a Catalina y estas certificaron que era doncella. El prelado conmovido, pacto que cumpliera su condena en el convento de las Clarisas de Huamanga.

La extraordinaria historia de Catalina se hizo pública  y los alucinantes lances de su biografía circularon por todo el Virreinato.

RECIBIDA POR EL PAPA.- Convertida en una celebridad Catalina fue reclamada por el Arzobispo de Lima y del Virrey ansiosos de conocerla. Enclaustrada en el convento  de las Comendadoras de San Bernardo, vivió en Lima  dos años, hasta que supo que nunca haba profesado como monja  como ella sostenía pues en su  San Sebastián  natal no paso de novicia.

Arrepentida, perdonada y exclaustrada en 16254 regreso a España como hombre haciéndose llamar Antonio de Erauso. En el viaje escribió lo que hoy conocemos como sus memorias. Después de ser recibida por el rey Felipe IV marcho a Italia donde se entrevistó con el Papa Urbano VIII, quien le concedió permiso para seguir vistiendo y firmando como hombre.

A partir de aquí su leyenda creció  pero ella desapareció de la vida pública. Al parecer regresó a América se dedicó a trasladar pasajeros y equipajes desde el puerto de Veracruz la ciudad de México con una recua de mulas.

Murió en 1650 en la localidad de Cuitlactlo.

Madrid 2018