En este momento, los peruanos estamos viviendo una situación de incertidumbre. Esta incertidumbre es mucho más difícil de manejar que saber exactamente lo que está sucediendo. Estamos a punto de tener las elecciones generales, que ocurrirán dentro de unos meses. En estas elecciones, millones de peruanos, tanto los que viven en el país como los que viven en el extranjero, tomarán la decisión de votar. Los peruanos decidirán individualmente si ejercen o no su derecho al voto.
Eso no significa que el tiempo se haya detenido. El día de las elecciones la euforia colectiva se desatará, pero muy pronto podría dar paso a la desesperación por haber desperdiciado el voto y haber ungido, una vez más, a un representante mafioso y podrido por la corrupción, como ya nos ha sucedido. Esto deberíamos preverlo para no caer en una nueva mea culpa, término que suele quedar del lado de los perdedores.
Si pensamos bien y no tiramos nuestro voto a la basura, podemos evitar que los políticos corruptos sigan engañando al pueblo. Estos políticos son como los traidores de nuestro país, que el pueblo no soporta porque siempre les mienten y los engañan con facilidad. No nos referimos a Judas Iscariote, sino a los políticos peruanos que han aprendido a engañar al pueblo con mucha astucia.
Si nos paramos a pensar, lo que realmente queremos son elecciones donde la gente piense antes de votar. Queremos que todos tengan la misma oportunidad de elegir. Un voto bien pensado ayudaría a quitarnos a esos candidatos que no son buenos, personas que han perdido su dignidad y que mintieran, robaran y lastimaran a otros. Estas personas siguen comportamientos muy antiguos, como los de la edad media.
No caigamos en la nada. ¡La nada no es nada! Existamos como pueblo, reclamemos con nuestro voto nuestros derechos.
No desperdiciemos nuestro voto. Nuestro futuro depende de las decisiones colectivas del presente. Si quieres cambiar tu vida, debes hacerlo tú: nadie cambiará tu vida por ti.

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